Criterio es una de esas palabras que todo el mundo usa y casi nadie define. “A esto le falta criterio.” “Esta persona tiene muchísimo criterio.” La soltamos como si fuera evidente lo que significa, y si paras a alguien y le preguntas qué es exactamente, casi siempre se queda en el aire.
Y me interesa mucho, porque creo que es la palabra más importante de la década para cualquiera que cree algo. En un momento en el que producir se ha vuelto gratis, el criterio es lo único que sigue siendo escaso. Así que vamos a definirlo bien, no en abstracto, sino de una forma que puedas usar.
Te lo digo ya, en una frase, y luego lo desarmo: el criterio es un historial de elecciones con consecuencias que has asumido.
En corto (TL;DR)
- El criterio es un historial de elecciones con consecuencias que has asumido. No es una opinión ni un gusto: es lo que decides cuando decidir cuesta algo.
- Por eso no se compra, no se descarga y no se hereda. Se entrena eligiendo, equivocándote y mirando qué pasó.
- El gusto opina; el criterio decide y responde por ello. Puedes tener buen gusto sin criterio, pero no al revés.
- Se reconoce en lo que rechazas aunque pague, en la coherencia de tus decisiones y en que puedes explicar el porqué sin ponerte a la defensiva.
- Hoy vale más que nunca: cuando la IA hace la producción gratis y abundante, elegir bien es lo escaso. La máquina te da el qué es posible; el qué merece la pena lo pones tú.
- Se entrena a propósito: elige con algo en juego, revisa el resultado, y estrecha lo que haces en vez de abrirlo.
Qué es el criterio (y qué no)
El criterio es lo que eliges hacer cuando hay consecuencias de por medio, y la capacidad de defender esa elección con algo más que un impulso. No es información: puedes saberlo todo sobre un tema y no tener criterio para decidir dentro de él. No es talento: hay gente con muchísima mano y cero criterio, que hace cosas impecables y vacías. Y no es opinión: opinar es gratis, el criterio cuesta.
La diferencia con el gusto es la que más se confunde. El gusto es lo que te atrae, lo que te gusta mirar. Lo puedes tener sin haber hecho nada, solo consumiendo. El criterio es lo que haces con ese gusto cuando te toca elegir y cargar con el resultado. El gusto señala; el criterio decide y responde. Puedes tener un gusto exquisito y no haber desarrollado criterio, porque nunca has puesto nada en juego con él.
Fíjate en la palabra “consecuencias”, porque es la clave. Sin consecuencias no hay criterio, hay preferencias. Elegir sabiendo que te vas a comer lo que salga, bien o mal, es lo que convierte una preferencia en criterio.
Por qué no se compra ni se hereda
Aquí está lo incómodo y lo bonito a la vez: el criterio no se puede atajar. No hay curso, plantilla ni mentor que te lo instale. Puedes aprender técnicas, marcos, referencias, y todo eso ayuda, pero el criterio en sí solo se forma de una manera: eligiendo, viendo qué pasa, y ajustando.
Por eso alguien con veinte años de oficio, decisiones tomadas y unas cuantas cicatrices tiene más criterio que alguien con más talento natural pero que nunca ha arriesgado de verdad. No es cuestión de horas mirando, es cuestión de elecciones asumidas. Cada vez que eliges algo con consecuencias y luego miras el resultado sin apartar la vista, tu criterio sube un escalón. Cada vez que evitas elegir, o eliges y le echas la culpa a otro, se queda donde estaba.
Es la razón por la que no se puede fingir del todo. El criterio se nota, porque viene con una coherencia que la pose no imita. La persona con criterio no cambia de opinión con cada viento, y cuando cambia, sabe explicar por qué.
Cómo se reconoce
El criterio no se ve en lo que alguien dice que valora, se ve en lo que hace cuando toca decidir. Hay tres sitios donde se lee claro.
En lo que rechaza. Quien tiene criterio dice que no a cosas que le convienen a corto plazo: un encargo que paga bien pero le desvía, una tendencia que arrasa pero no es suya, un atajo que funcionaría. El no informado es la huella más clara del criterio, porque cuesta.
En la coherencia. Sus decisiones, vistas juntas, tienen un hilo. No hace una cosa hoy y la contraria mañana según quién le aplauda. Esa coherencia no es rigidez; es que hay un fondo debajo que sostiene las elecciones.
En que puede explicar el porqué. Y no a la defensiva. Alguien con criterio te dice por qué eligió esto y no aquello con calma, con argumentos, sin necesidad de que le des la razón. La inseguridad se defiende; el criterio explica.
Por qué hoy vale más que nunca
Todo esto no es nuevo, pero se ha vuelto urgente por una razón: la IA.
La inteligencia artificial ha hecho que producir sea casi gratis. Imágenes, textos, variaciones, versiones, borradores, todo a una velocidad que hace tres años era ciencia ficción. Y cuando producir se vuelve barato y abundante para todo el mundo, lo que te distingue deja de ser producir. Pasa a ser elegir. Qué haces y qué no, qué publicas y qué te guardas, qué opción de las mil que te da la máquina merece existir.
Producir nunca fue tan barato. Elegir nunca fue tan caro. La IA te da el qué es posible a espuertas; el qué merece la pena lo sigues poniendo tú, y ahora vale el doble porque casi nadie lo entrena.
Joe Burns le puso nombre a lo que pasa cuando falta ese criterio: el Sloppening. La era del contenido optimizado hasta perder el alma. Se reconoce enseguida, porque todo suena igual: misma música, mismas frases, mismas caras. Es lo que ocurre cuando la gente le pide a la máquina no solo la producción, sino también el criterio. Y el criterio es justo lo que no te va a dar.
Cómo se entrena
La buena noticia de que el criterio no se compre es que sí se entrena, y a propósito. No hace falta esperar veinte años; hace falta elegir con intención. Tres maneras concretas.
Elige con algo en juego. El criterio solo crece cuando hay consecuencia. Publica lo que dudas, cobra lo que te da respeto, di el no que te cuesta. No para sufrir, sino porque cada elección con piel en el asador te enseña algo que mil elecciones sin riesgo no te enseñan.
Revisa el resultado sin apartar la vista. Elegir no basta; hay que mirar qué salió, sobre todo cuando salió mal. La gente sin criterio elige y no vuelve a mirar, o mira solo lo que le da la razón. El criterio se afina en la revisión honesta, no en la decisión.
Estrecha en vez de abrir. Cada vez que decides qué NO vas a hacer, tu criterio se afila. Producir de todo no entrena el criterio, lo diluye. Elegir un terreno, una manera, un tipo de trabajo, y sostenerlo, es lo que te obliga a discriminar. Y discriminar bien es exactamente eso: criterio.
Por dónde empezar esta semana
No vas a construir tu criterio con un artículo. Pero puedes darle de comer hoy con una sola decisión.
Coge algo que llevas tiempo sin decidir, escondido detrás de “ya veré” o de pedir opiniones a todo el mundo. Y decídelo tú, a conciencia, sabiendo que te comes el resultado. Puede ser qué dejas de hacer, a qué le dices que no, qué publicas de eso que te da miedo publicar. Una elección con consecuencia, tomada por ti.
No vas a saber si acertaste hasta más adelante. Pero vas a haber hecho lo único que entrena el criterio de verdad: elegir con algo en juego, en vez de esperar a tenerlo claro. La claridad no viene antes de elegir. Viene de haber elegido.
Preguntas frecuentes
¿Criterio y gusto son lo mismo?
Están cerca pero no son iguales. El gusto es lo que te atrae; el criterio es lo que eliges hacer con ese gusto cuando hay consecuencias de por medio. El gusto lo puedes tener sin haber hecho nada; el criterio solo lo tienes después de elegir, equivocarte y mirar qué pasó. El gusto opina; el criterio decide y responde por ello.
¿Se puede desarrollar el criterio o se nace con él?
Se desarrolla, siempre. No se nace con criterio, se entrena eligiendo con algo en juego y revisando el resultado. Nadie te lo puede dar hecho porque es la suma de tus decisiones con consecuencias. Por eso alguien con veinte años de oficio y cicatrices tiene más criterio que alguien con más talento pero sin haber arriesgado nunca.
¿La IA no puede tener criterio por mí?
La IA te resuelve la producción, no la elección. Puede darte mil opciones en segundos, pero decidir cuál sirve, cuál es tuya y cuál sobra sigue siendo tu trabajo. Cuando producir es gratis y abundante, lo escaso pasa a ser el criterio para elegir. La máquina te da el qué es posible; el qué merece la pena lo pones tú.
¿Cómo sé si tengo criterio o solo opiniones?
Pregúntate si puedes explicar por qué eliges lo que eliges sin ponerte a la defensiva, y si has asumido las consecuencias de esas elecciones. Una opinión es gratis y no arriesga nada. El criterio se nota en lo que rechazas aunque pague, en la coherencia de tus decisiones y en que puedes defenderlas con algo más que “me gusta”.
Antes de irte
Toda esta idea cabe en una frase: en una época en la que cualquiera puede producir cualquier cosa, lo que te distingue ya no es lo que haces, es lo que eliges no hacer.
El criterio no te lo va a dar la máquina, ni un curso, ni yo. Te lo vas a dar tú, elección a elección, cargando con lo que salga. Empieza esta semana con una sola decisión que llevas tiempo esquivando. Tómala tú, y ya me contarás qué aprendiste de cómo salió.
Referencias
- Ira Glass, The Gap (entrevista, 2009) — sobre cómo el criterio (tu gusto) va por delante de tu capacidad y es lo que tira de tu trabajo hacia arriba.
- Joe Burns, término The Sloppening — sobre el contenido optimizado hasta perder el alma, lo que pasa cuando falta criterio.
Recomendaciones de lecturas
Si quieres tirar del hilo del criterio, tres libros:
- Rick Rubin, The Creative Act: A Way of Being. Sobre el gusto, la escucha y el criterio como forma de estar. El que mejor pone palabras a esto.
- Cal Newport, So Good They Can’t Ignore You. El criterio que se gana con oficio, no con pasión declarada. Contra el atajo.
- Robert Greene, Mastery. Cómo el juicio y la maestría se construyen por capas, con años y decisiones, no de golpe.
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