Últimamente me llega mucho la misma preocupación, y casi siempre con las mismas palabras: “empecé a usar IA y mi contenido empezó a sonar como el de todos”. Gente con una voz buena, trabajada, que de repente se mira lo que publica y no se reconoce. Suena correcto. Suena limpio. Y suena a cualquiera.
Es un miedo legítimo, y la respuesta fácil sería no usarla. Pero renunciar a una herramienta que te resuelve la forma a esta velocidad no es criterio, es susto. La pregunta buena no es si usarla, es cómo, para que sume sin comerse lo que te hace a ti.
Te lo digo en una frase y luego lo desarmo: la IA te resuelve la forma a una velocidad que hace tres años era imposible, pero la voz, el qué dices y desde dónde, sigue siendo tuya, y todo depende del orden en que las metes.
En corto (TL;DR)
- La IA es buenísima para la forma (producir, variar, acelerar) y mala para el fondo (qué dices, desde dónde y por qué). El problema no es usarla, es dejarle la parte que era tuya.
- Suena genérico porque la IA se entrena con el promedio de lo que existe: si le pides el qué decir, te da la media, y la media suena a todos.
- El orden lo cambia todo: si empiezas por el prompt en blanco, sales a la media; si empiezas por tu fondo y usas la IA solo para la forma, mantienes tu voz.
- Aliméntala con lo tuyo antes de pedirle nada. Te devuelve una versión de lo que le das.
- Úsala para borradores, no para decisiones. Tu voz vuelve en la edición, quitando más de lo que añades.
- Deja la última milla humana: la frase que te juegas, la decisión final, lo que te cuesta. Eso no se delega.
Qué es “perder la voz” con la IA
Perder la voz con la IA es dejar que decida por ti la parte que te distinguía. No pasa de golpe. Pasa por comodidad, pidiéndole cada vez un poco más: primero que te ayude con la forma, luego que te sugiera el enfoque, luego que te escriba el texto entero desde una idea de una línea. Y cuanto más le pides, más te acercas a un sitio muy concreto: el centro.
Ted Chiang lo explicó con una imagen que no se me olvida: la IA es como una copia borrosa, un JPEG comprimido de todo lo que hay en internet. No inventa desde ti, promedia lo que ya existe. Por eso, cuando le pides que genere el fondo, te devuelve la media estadística de cómo se ha dicho eso mil veces antes. Correcto, competente, y sin nadie dentro.
Joe Burns le puso nombre al paisaje que sale de ahí: el Sloppening. Todo empieza a sonar igual, misma cadencia, mismas frases, mismas transiciones. No porque la gente use IA, sino porque le pide a la IA justo lo que la IA no puede darte: una voz. La voz es lo que sobra del promedio, y el promedio es exactamente lo que la máquina te da.
Dónde suma la IA y dónde te vacía
La forma es de la máquina; el fondo es tuyo. Esa es toda la regla, y se ve mejor en una tabla:
| La IA, para la forma | Tú, para el fondo |
|---|---|
| Borradores, variaciones y primeras versiones | La tesis: qué dices y por qué |
| Transcribir, resumir, reformatear, limpiar | El criterio para elegir qué sirve y qué sobra |
| Explorar caminos que no se te habrían ocurrido | La última milla: qué publicas y qué te guardas |
| Salir de la página en blanco | La voz: desde dónde hablas y qué te juegas |
La columna de la izquierda es donde la IA te devuelve horas y no te quita nada. La de la derecha es donde, si la delegas, te vas quedando sin lo único que era difícil de copiar. La mayoría de la gente que “pierde su voz” no es que use la columna izquierda, es que ha ido pasando cosas de la derecha a la izquierda sin darse cuenta.
El orden importa: primero el fondo, luego la máquina
El orden en que metes la IA decide si mantienes la voz o la pierdes. Y casi todo el mundo lo hace al revés.
Lo habitual es abrir el chat con la página en blanco y pedirle a la máquina que arranque: “escríbeme un post sobre X”. En ese orden, el fondo lo pone la IA (o sea, el promedio) y tú te limitas a retocar la forma. Sales a la media sin remedio, porque la sustancia ya nació genérica.
Dale la vuelta. Antes de tocar la máquina, pon tú el fondo: cuál es tu tesis, desde dónde lo dices, qué has visto que no está diciendo nadie. Aunque sean cuatro líneas feas escritas a mano. Y solo entonces usas la IA para lo que es buenísima: darle forma a eso, ordenarlo, ofrecerte versiones. En ese orden, la sustancia es tuya y la máquina solo la viste. Se nota, y se nota mucho.
Cómo usar la IA sin que se te note
No hay un truco, hay una manera de trabajar. Cuatro cosas concretas.
Aliméntala con lo tuyo, y móntate una referencia de voz. No arranques de un prompt frío. Lo más rentable es construirte una referencia y reutilizarla siempre, y hay un detalle técnico que cambia mucho: móntala en un archivo .md, texto plano, nada de PDF ni documento con formato raro. Cualquier modelo lo lee limpio y te lo llevas de una herramienta a otra sin pelearte con el formato. Dentro le metes tres cosas: ocho o diez piezas tuyas enteras como ejemplos, tus reglas duras (cómo abres, cómo cierras, qué palabras no usas jamás, tus tics de puntuación) y una línea de qué eres y qué no. Y lo clave: que la IA lo lea antes de nada. Como instrucción de sistema, como conocimiento del proyecto, o pegado al principio de la conversación, para que trabaje desde tu voz desde el primer token y no la ajuste al final. Es, básicamente, montarte tu propio modelo de voz sin entrenar nada ni tocar código. La IA imita lo que le das; con ese corpus delante, se parece a ti y no a internet.
Úsala para borradores, no para decisiones. Que te dé diez versiones, que te desatasque, que te haga el trabajo pesado. Pero la decisión de cuál sirve, qué se queda y qué se va, la tomas tú. Ahí es donde entra el criterio, que es justo lo que la máquina no tiene.
Edita quitando más de lo que añades. El texto de IA viene inflado, con transiciones de más y frases que suenan a todos. Tu voz aparece cuando cortas: cuando quitas el conector automático, la palabra marketiniana, la cadencia demasiado lisa. La edición no es un retoque, es donde vuelves a sonar tú.
Deja la última milla humana. La frase que te juegas, el giro que solo se te ocurre a ti, la decisión final de publicar o guardar. Esa parte, aunque cueste, hazla a mano. Es poca y es la que se recuerda.
Por dónde empezar esta semana
Coge una pieza que ibas a dejar que la IA te escribiera entera. Y antes de abrir la máquina, escribe tú el fondo en cinco líneas: tu tesis, tu ángulo, qué has visto que no dice nadie. A mano, sin pulir.
Luego sí, usa la IA para darle forma a eso, y después edita quitando todo lo que suene a cualquiera. Compara el resultado con lo que te habría salido pidiéndole el post desde cero. Esa diferencia, la que se nota entre las dos versiones, es tu voz. Y ahora ya sabes dónde vive y cómo no perderla.
Preguntas frecuentes
¿Usar IA hace que mi contenido suene genérico?
Solo si le dejas decidir el fondo. La IA se entrena con el promedio de lo que ya existe, así que cuando le pides que genere el qué decir, tiende a la media, y la media suena a todos. No suena genérico por usarla, suena genérico por delegarle la parte que era tuya: el ángulo, la tesis, la voz. Si tú pones eso y la IA solo ayuda con la forma, no se nota.
¿Cómo consigo que la IA suene a mí y no a IA?
Aliméntala con lo tuyo antes de pedirle nada. Dale tus textos anteriores, tus notas, tu manera de decir las cosas, en vez de un prompt frío. La IA te devuelve una versión de lo que le das; si le das el promedio de internet, te devuelve el promedio de internet. Y después edita, quitando más de lo que añades: tu voz suele estar en lo que borras.
¿En qué partes del proceso NO debería usar IA?
En las decisiones, no en la producción. Deja fuera de la máquina el qué dices y desde dónde, el criterio para elegir qué sirve y qué sobra, y la última milla: qué publicas y qué te guardas. Eso es el fondo, y es justo lo que te distingue. La IA es buenísima para la forma y para desatascarte; para decidir, sigues siendo tú.
¿La IA va a sustituir a los creativos?
Va a sustituir a quien solo aportaba forma, porque la forma es lo que la máquina hace gratis. A quien aporta fondo (criterio, voz, una manera propia de mirar) la IA lo hace más rápido, no prescindible. La pregunta no es si te sustituye, es qué parte de tu trabajo era solo producción y qué parte no podría hacer nadie más que tú.
Antes de irte
Toda la idea cabe en una frase: la IA te da la forma a espuertas, así que lo único que te distingue ya es el fondo, y el fondo no se delega.
Úsala sin miedo para todo lo que es producción, y guárdate con celo la parte que era difícil antes de la IA y sigue siéndolo ahora: tener algo que decir y una manera propia de decirlo. Esta semana, escribe tú el fondo antes de encender la máquina. Y ya me contarás si no se nota la diferencia.
Referencias
- Ted Chiang, ChatGPT Is a Blurry JPEG of the Web (The New Yorker, 2023) — la IA como una copia borrosa del promedio de la web, y por qué tiende a lo genérico.
- Joe Burns, término The Sloppening — el contenido optimizado hasta perder el alma, lo que pasa cuando le pides a la máquina también la voz.
Recomendaciones de lecturas
Si quieres tirar del hilo de trabajar con IA sin perderte, tres libros:
- Ethan Mollick, Co-Intelligence. El manual más sensato de trabajar CON la IA: dónde delegar y dónde no ceder nunca el criterio.
- Rick Rubin, The Creative Act: A Way of Being. Sobre el gusto y la voz, la fuente de lo que solo puedes decir tú.
- Austin Kleon, Steal Like an Artist. De dónde sale una voz propia y cómo se construye a partir de influencias sin sonar a copia.
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