Hay un experimento incómodo que puedes hacer ahora mismo: abre cualquier feed y desliza treinta segundos. Fíjate en cuántas cosas suenan exactamente igual. El mismo tipo de gancho, la misma cadencia de frases, la misma música, la misma cara diciendo lo mismo con distinto filtro. Todo correcto. Todo competente. Y todo intercambiable.
Eso tiene nombre. Joe Burns lo llamó el Sloppening: el momento en que el contenido se optimiza tanto que pierde el alma. Y me interesa mucho, porque no es un problema de gusto ni una queja de abuela, es una señal de hacia dónde va la cultura cuando todo el mundo persigue lo mismo con las mismas herramientas.
Te lo digo en una frase y luego lo desarmo: el Sloppening es lo que pasa cuando la gente le pide a la máquina y al algoritmo no solo la forma, sino también el criterio, y del criterio no entienden nada.
En corto (TL;DR)
- El Sloppening es el momento en que todo suena y se ve igual porque se ha optimizado hasta perder el alma. Competente, correcto e intercambiable.
- No lo inventó la IA. Llevamos décadas de contenido humano vacío hecho por fórmula; la IA solo lo abarata y lo multiplica a la media.
- Pasa porque la gente delega en la máquina y el algoritmo la parte que era suya: qué decir y desde dónde. Y ambos tiran a la media, que suena a todos.
- No se sale consumiendo o produciendo menos, se sale con lo que el algoritmo no te da: una tesis propia, la especificidad de tu vida y criterio para elegir.
- Optimizar no es malo; optimizar sin criterio sí. La forma se pule; el fondo no se negocia con la máquina.
Qué es el Sloppening (y qué no)
El Sloppening no es que haya contenido malo, siempre lo hubo. Es que hay contenido óptimo, y todo el óptimo se parece. Cuando miles de personas usan las mismas herramientas para perseguir la misma métrica, convergen. El gancho que mejor funciona, la estructura que más retiene, la estética que más gusta: todo empuja hacia un mismo punto, y ese punto es la media.
Lo importante es que no es un problema de calidad, es de sabor. Estas piezas suelen estar bien hechas. Tienen buen ritmo, buena imagen, buen montaje. Lo que no tienen es a nadie dentro. Nadie que haya visto algo, que se moje, que hable desde un sitio concreto. Son formas perfectas envolviendo un vacío, y el vacío se nota aunque no sepas señalarlo.
Kyle Chayka lo estudia en Filterworld: cómo los algoritmos, al recompensar siempre lo que funciona, aplanan la cultura hacia un gusto medio global. El café de moda de Tokio, Berlín y Ciudad de México se parecen porque los tres optimizan para lo mismo. Con el contenido pasa igual, solo que más rápido.
La IA no lo inventó, lo aceleró
Es tentador echarle toda la culpa a la IA, y es un error, porque te hace pensar que el problema es la herramienta. El “slop” existía mucho antes. Listicles, contenido SEO, ganchos de manual, hilos calcados: llevamos años produciendo vacío optimizado, con las manos, sin ayuda de ninguna máquina.
Lo que la IA cambia es la escala y el coste. Como se entrena con el promedio de todo lo que existe, tiende a la media por naturaleza, y ahora puede producir esa media a una velocidad y un volumen que antes eran imposibles. Le pides que escriba “un buen post sobre X” y te da la versión estadística de cómo se ha dicho eso mil veces. Correcto, competente, y sin ti.
Por eso lo del Sloppening no va de humanos contra máquinas. Va de criterio contra su ausencia. Un humano sin criterio produce slop; una IA bien dirigida por alguien con criterio puede producir cosas con alma. La línea no está entre lo hecho a mano y lo hecho con IA, está entre lo que tiene a alguien dentro y lo que no.
Por qué caemos en él sin querer
Nadie se propone sumar al ruido. Caemos por tres razones que conviene ver, porque son las que hay que desactivar.
La primera es el miedo. Copiar lo que ya funciona se siente seguro; hacer algo tuyo se siente arriesgado. Así que, sin decidirlo, elegimos el gancho probado, la estructura de siempre, lo que le fue bien a otro. Y lo seguro, cuando lo hace todo el mundo, es exactamente lo que se funde en la masa.
La segunda es la comodidad. Pensar el fondo cuesta; optimizar la forma es fácil y ahora, con la IA, casi gratis. Entonces ponemos toda la energía en pulir la superficie y ninguna en tener algo que decir, y sale una pieza impecable por fuera y hueca por dentro.
La tercera es la métrica. Si solo miras lo que se ve (alcance, likes), acabas produciendo para eso, y para eso lo que funciona es lo que ya funcionó. La métrica visible te arrastra a la media sin que te des cuenta, porque la media es, por definición, lo que más gusta a más gente.
Cómo salir del Sloppening
Salir no es dejar de optimizar ni renunciar a la IA. Es volver a poner criterio donde lo habías delegado. Tres maneras concretas.
Decide el fondo antes de tocar la forma. Antes de optimizar nada, responde qué tienes tú que decir que no esté diciendo ya todo el mundo. Tu tesis, tu ángulo, lo que has visto desde tu sitio. Si esa parte la pones tú, la forma puede pulirse todo lo que quieras sin que la pieza se vuelva genérica. Si esa parte la pones en manos de la máquina o del algoritmo, ya has perdido.
Mete tu especificidad. Lo que no se puede promediar es tu experiencia concreta: lo que viviste, lo que aprendiste equivocándote, el detalle raro que solo tienes tú. El slop es genérico porque es de todos; tu vida es lo único que no es de nadie más. Cuanto más específico y más tuyo, menos margen le dejas al ruido para tragarte.
Edita quitando lo que suena a todos. El alma aparece muchas veces al cortar. Quita el conector automático, la frase marketiniana, el gancho de manual, la cadencia demasiado lisa. Lo que queda cuando limpias todo lo intercambiable es tu voz. Editar no es pulir para que brille más; es raspar lo genérico hasta que asoma lo tuyo.
Por dónde empezar esta semana
Coge tu última pieza y hazle una pregunta honesta: si le quitara tu nombre y tu cara, ¿alguien sabría que es tuya? ¿O podría ser de cualquiera que use las mismas herramientas?
No para castigarte, sino para ver cuánto de lo que haces te distingue y cuánto se funde en la masa. Y luego, en la próxima, empieza por el fondo: escribe en cuatro líneas qué quieres decir que no dice nadie, mete un detalle que solo sea tuyo, y edita quitando todo lo que suene a manual.
No vas a arreglar la cultura tú solo. Pero puedes dejar de sumar al ruido, que ya es mucho. Haz una pieza esta semana que solo pudieras haber hecho tú, y ya me contarás si no se nota entre las mil que suenan igual.
Preguntas frecuentes
¿Qué es el Sloppening?
Es el momento cultural en el que todo empieza a sonar y verse igual porque se ha optimizado hasta perder el alma. Mismo tipo de gancho, misma cadencia, mismas frases, misma estética. Contenido competente y correcto, pero intercambiable y sin nadie dentro. El término lo popularizó Joe Burns, y describe lo que pasa cuando la gente le pide a la máquina y al algoritmo no solo la forma, sino también el criterio.
¿La culpa es de la IA?
La IA lo acelera, pero no lo inventó. Llevamos décadas con toneladas de contenido humano vacío, optimizado para el algoritmo, hecho por fórmula. Lo que la IA hace es abaratar y multiplicar esa producción a la media, porque se entrena con el promedio de lo que existe y a la media tiende. La culpa no es de la herramienta, es de delegarle la parte que era tuya: qué decir y desde dónde.
¿Cómo evito que mi contenido suene como el de todos?
Pon lo que la máquina y el algoritmo no tienen: una tesis propia, la especificidad de tu experiencia y el criterio para elegir. Antes de optimizar la forma, decide el fondo: qué has visto tú que no está diciendo nadie. Y edita quitando lo genérico, la frase que suena a todos, el gancho de manual. Sonar distinto no es un truco de forma, es tener algo que decir y atreverte a decirlo a tu manera.
¿Optimizar es malo?
No, optimizar sin criterio es lo malo. Ajustar la forma para que se entienda y llegue es sano; el problema es optimizar hasta que no queda nada que no sea óptimo, y lo óptimo para el algoritmo es siempre lo mismo. Cuando la optimización decide también el fondo, te empuja a la media. La forma se puede pulir todo lo que quieras, siempre que el fondo lo pongas tú y no lo negocies con la máquina.
Antes de irte
Toda la idea cabe en una frase: en un mundo donde todo se optimiza hacia la media, lo único que te distingue es lo que no se puede promediar, y eso lo pones tú o no lo pone nadie.
El Sloppening no se combate con nostalgia ni renunciando a las herramientas. Se combate con criterio: teniendo algo que decir, metiendo tu vida concreta y quitando todo lo que suene a cualquiera. Esta semana, haz una sola pieza que solo pudieras firmar tú. Y ya me contarás qué se siente al dejar de sumar al ruido y empezar a decir algo.
Referencias
- Joe Burns, término The Sloppening — el contenido optimizado hasta perder el alma, lo que pasa cuando se le pide a la máquina también el criterio.
- Kyle Chayka, Filterworld (2024) — cómo los algoritmos, al premiar siempre lo que funciona, aplanan la cultura hacia un gusto medio.
Recomendaciones de lecturas
Si quieres tirar del hilo de por qué todo converge y cómo diferenciarse de verdad, tres libros:
- Kyle Chayka, Filterworld. Cómo el algoritmo homogeneiza el gusto y aplana la cultura hacia la media.
- W. David Marx, Status and Culture. Por qué las cosas convergen y cómo funciona de verdad la diferenciación cultural.
- Byung-Chul Han, La salvación de lo bello. Sobre la estética de lo pulido y liso que lo ha invadido todo, y lo que se pierde por el camino.
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